El paisaje en mosaico y los grandes incendios forestales 

A raíz de los últimos incendios de este 2026 en España, ha surgido debate en las redes sociales sobre la eficacia del paisaje mosaico como herramienta para gestionar los incendios forestales. 

Algunas voces que han planteado lo siguiente: si el mosaico agroforestal contribuye a reducir la propagación del fuego y facilita las tareas de extinción, ¿porque hemos visto arder también territorios organizados en mosaico, incluidas zonas abiertas o adehesadas? 

A continuación, analizaremos qué ha sucedido, por qué las estrategias habituales encuentran sus límites y cómo podemos hacer frente a esta situación. 

¿Qué es un paisaje en mosaico y por qué es importante? 

Para comprender su importancia, conviene empezar por definir qué entendemos por paisaje en mosaico agroforestal. 

Se trata de un territorio heterogéneo y biodiverso en el que se combinan distintos usos del suelo y tipos de vegetación. En una configuración ideal, las zonas forestales se combinan con una matriz de agrícola y ganadera, donde conviven masas jóvenes, bosques de rivera, bosques maduros, áreas productivas, cultivos, pastos, espacios abiertos y zonas de transición, entre otros. 

Esta variedad crea un paisaje más resiliente y mejor preparado para afrontar los efectos de la crisis climática. Además, como se ha visto en múltiples ocasiones, desempeña un papel importante tanto en la prevención como en la extinción de los incendios forestales. Esto se debe, en gran medida, a que en el paisaje en mosaico hay zonas donde se rompe la continuidad horizontal y vertical de la vegetación y zonas con espacios abiertos, ya sean pastos, cultivos, matorrales, etc. 

De este modo, se consiguen dos objetivos: dificultar que en grandes zonas el fuego propague con alta intensidad y generar oportunidades más seguras para los equipos de extinción gracias a los espacios abiertos que forman parte de este mosaico. 

El paisaje en mosaico después del gran incendio forestal el 30 agosto 2025 en Albarellos. Ourense. Fotografía de Pedro Armestre.

Ahora bien, hablar de prevención y extinción no significa eliminar por completo el fuego. En los ecosistemas mediterráneos, el fuego forma parte de la dinámica natural del territorio y, cuando se mantiene en un patrón o régimen “natural” o sostenible por el ecosistema (normalmente intensidades bajas o moderadas), puede desempeñar una función ecológica, favoreciendo la regeneración de determinadas especies, el reciclaje de nutrientes y la creación de una mayor diversidad de hábitats. 

La clave está en aprender a convivir con el fuego y, al mismo tiempo, evitar que en grandes áreas pueda alcanzar una intensidad y una capacidad de propagación fuera de la capacidad de extinción. En este sentido, el paisaje en mosaico es la herramienta más útil para reducir el riesgo de grandes incendios y facilitar las labores de extinción. 

Sin embargo, debemos aclarar que no se actúa de la misma manera en todo el territorio, sino que se priorizan las zonas o los puntos estratégicos, que reduzcan el potencial de propagación de los incendios, en ejes que limiten el paso del fuego entre macizos, y en la protección a la población o infraestructuras críticas. 

También es necesario identificar oportunidades en el paisaje, es decir, las zonas que pueden ser utilizadas por los equipos de extinción. Algunas ya existen en el paisaje y otras deben crearse o acondicionarse. Para que sean realmente útiles, deben adaptarse a las necesidades de los servicios de emergencia y, cuando sea necesario, contar con accesos seguros, puntos de agua y zonas de seguridad. 

¿Entonces, porque hemos visto espacios de mosaico e incluso zonas abiertas o adehesadas ardiendo? 

Debemos tener en cuenta que no todos los incendios se comportan de la misma manera y más importante, no todos los incendios pueden abordarse o gestionarse igual. 

De forma general, el comportamiento de los incendios depende de la vegetación, las condiciones meteorológicas y el relieve del terreno. De estos tres factores, la vegetación —el combustible que alimenta el fuego— es el único sobre el que podemos actuar directamente para reducir el riesgo.  

En situaciones en las que coinciden periodos de sequía acumulada, vientos fuertes y olas de calor prolongadas, el fuego puede avanzar con tal velocidad e intensidad que acaba superando la capacidad de extinción de los equipos de emergencias.  

No se trata de una situación excepcional, sino de un comportamiento conocido por los profesionales. Y es precisamente en estos escenarios cuando el paisaje en mosaico adquiere mayor importancia ya que puede reducir la intensidad y la propagación del fuego, además de generar espacios desde los que desplegar maniobras de ataque directo o indirecto. 

Sin embargo, estas oportunidades en el paisaje no están diseñadas para parar el incendio, solo son efectivas si los equipos de extinción pueden aprovecharlas a tiempo. Si no hay medios disponibles, el incendio continuará propagándose. Y esto es lo que en parte ha sucedido en estos últimos incendios. 

¿Qué está condicionando esta nueva realidad? 

En los últimos años estamos observando incendios de una magnitud poco habitual, tanto por su comportamiento como por la extensión quemada, la coincidencia de varios episodios y su impacto sobre la población. En la Sierra de la Culebra, uno de los grandes incendios de 2022 afectó a cerca de 30.000 hectáreas. Un año antes, el de Navalacruz había superado las 21.000. O más recientemente, en este 2026, en Aragón y Guadalajara también hemos podido ver incendios de grandes dimensiones. 

Estas situaciones permiten entender mejor algunos de los factores que condicionan esta nueva realidad que estamos viviendo entorno a los incendios forestales, y que a continuación os explicamos:  

Tamaño del incendio y disponibilidad de recursos 

Ante incendios de decenas de miles de hectáreas, con kilómetros de perímetro, varios frentes activos y núcleos de población amenazados, los recursos de extinción deben distribuirse según las prioridades y los objetivos estratégicos de cada momento.  

Por eso, no siempre es posible aprovechar todas las oportunidades que ofrece el paisaje en mosaico. No se trata únicamente de disponer de más recursos, sino de decidir dónde y cuándo intervenir en función del comportamiento del fuego y de los riesgos existentes. 

Gran Incendio Forestal de Larouco, parroquia de Seadur, el 30 agosto 2025 en Pico Montouto, Serra dos cabalos. Fotografía de Pedro Armestre.

Comportamiento extremo del fuego 

Cuando el fuego alcanza un comportamiento extremo, puede avanzar a través de frentes de varios kilómetros, quemar miles de hectáreas en pocas horas y generar focos secundarios a gran distancia. En estas condiciones, incluso los cultivos, los pastos y otros espacios abiertos pueden dejar de ofrecer oportunidades para la prevención y, sobre todo, para la extinción del incendio.  

En conjunto, estos condicionantes no comportan que el paisaje en mosaico deje de ser una solución útil, pero sí obliga a adaptarlo al tipo de incendio que puede producirse.  

Ante incendios de comportamiento extremo, estas estrategias y, por ende, el paisaje en mosaico, deben ir un paso más allá en cuanto a su dimensionado y características para que realmente sean una oportunidad.

¿Qué estrategias tenemos para estos escenarios? 

El paisaje en mosaico continúa siendo una herramienta esencial para reducir el riesgo y crear territorios más resilientes al paso del fuego. Sin embargo, si los incendios cambian de escala —es decir, aumentan en extensión, intensidad y frecuencia—, el mosaico también deberá adaptarse.  

De modo que ante episodios excepcionales pero cada vez más frecuentes, también necesitamos nuevo conocimiento operativo, nuevas herramientas de predicción y gobernanza, y una planificación del paisaje específica que priorice la seguridad de la población, de los equipos de emergencia y el bien común.  

Esta adaptación ya se está empezando a llevar a la práctica. Un ejemplo es la estrategia de ejes de contención de incendios forestales desarrollada por Bombers de la Generalitat. Estos ejes buscan compartimentar el paisaje a gran escala, mediante la agregación de campos de cultivo, zonas no productivas y grandes infraestructuras para ofrecer oportunidades de contención para estos incendios de comportamiento extremo. 

Avanzar en esta dirección pasa por estudiar estos incendios, aprender de cada episodio y generar experiencia para adaptar las estrategias de prevención y respuesta a esta nueva realidad. De hecho, desde la Fundación Pau Costa, junto con Bombers de la Generalitat, trabajamos en proyectos como ODET y EWED para avanzar en el conocimiento de estos incendios extremos. 

Este esfuerzo por adaptar las estrategias no debe hacernos perder de vista una idea fundamental: un territorio gestionado siempre estará mejor preparado y ofrecerá más oportunidades de intervención que uno abandonado. Pero esta nueva realidad con incendios extremos nos recuerda que la prevención tradicional debe complementarse con más conocimiento, investigación y capacidad de adaptación. 

Además, el paisaje en mosaico aporta otro beneficio importante. Al generar cambios en el comportamiento del fuego, favorece que el territorio no arda de manera uniforme. Esta variedad de intensidades y severidades da lugar a una mayor diversidad de hábitats y crea zonas de refugio para distintas especies. 

En definitiva, disponer de un mosaico agroforestal adaptado a la escala de esta nueva realidad sigue siendo una de las herramientas principales, más útiles y eficaces frente a la mayoría de los incendios forestales. 

Agradecimientos

Agradecemos al fotógrafo Pedro Armestre la cesión de todas las imágenes que ilustran este artículo, realizadas en colaboración con Greenpeace durante los incendios ocurridos en Galicia y Castilla y León en 2025.